Porque él ha sido para mí, la única persona de este mundo por quien me he preocupado en verdad, la única persona a la que he querido y a la única a la que siempre voy a querer. Es el primero en el que pienso al despertarme y el último que veo en mi mente cuando duermo.
Y sin embargo duele pensar que nunca signifiqué nada, cuando para mí cada palabra suya era el paraíso.
La mitad de mis decisiones se han basado en su persona. Y es porque no soporté la idea de perderle, menos perderlo con una persona que sólamente tiene mejor cuerpo o mejor cara que yo.
Recuerdo que en estas fechas, el año pasado lloraba con temas como "Never had a dream come true - S club 7" y cosas por el estilo. Las canciones que nunca antes habían tenido sentido para mí, ahora cobraban vida. Cada estrofa, oración, letra, coma e incluso expresiones sin sentido, opara mí lo cobraban. Cada suspiro, susurro, murmullo... todo se clavaba en lo más profundo de mi corazón y me hacía padecer.
"Voy a ser alguien muy grande en un futuro... así ya no van a reemplazarme... así ya no voy a pensar en tí... y así ya no dolerá extrañarte..."
Así lo decidí.
Me metí al propedéutico de Medicina, al cual ingresan 2500 alumnos y solo aprueban 250. Me puse a estudiar ferozmente para aprobar. Y de esos 2521 que ingresamos, solo aprobamos 120. Y digo bien, Aprobamos porque yo también aprobé.
Pasé noches enteras sin dormir, pensando en él. Cuando menos ganas tenía de estudiar y el sueño me invadía, sólo pensaba "Che... mirá que lo haces por Thoma, ¡así que hacelo bien y estudia!".
El tiempo me faltaba, y sin embargo aún así me empeciné en tomar cursos de Ruso, Italiano y Japonés, además de seguir escribiendo.
De lo único que estoy segura es que no recuerdo nada sobre tocar el piano. Cuando mis amigos me sentaron frente a uno y me dijeron "Tocá ese que compusiste... Thoma creo se llamaba", no recordé una sola nota. Todas las notas, escalas y arpegios se han borrado de mi mente y han sido reemplazados por datos sobre enfermedades, huesos, músculos, ciclos de krebs, otros ciclos, estafilococos, virus de influenza AH1N1 y demases.
Y le debo a él quien soy ahora. Tengo un futuro asegurado en medicina, prestigio, reconocimiento, dinero... Ahora no pueden reemplazarme con nadie, mas yo los reemplazo a todos.
También he descubierto algo gracioso. Soy incapaz de enamorarme otra vez, sea hombre o mujer. Todos me molestan. En el último año he tenido varias proposiciones, provenientes de ambos bandos, tanto serias como jodas.
Ninguna atendida.
¿Por qué?
Porque voy a morir pronunciando su hermoso nombre. Por eso.
Algo parecido a la felicidad
Publicado por Mel en 13:18 0 comentarios
Mpreg Yaoi
De opiniones e insultos.
Esta tarde estaba yo buscando Mpreg en el portal de Google-sama, que todo lo sabe y si no se lo inventa. Y no falta gente que viene a decir "que una yaoista de verdad no deformaría el género de esa forma."
Y digo yo: En gustos nadie ha escrito, el Mpreg es un subgénero del Yaoi, les guste o no. Si habemos quienes lo escribimos y nos gusta, BIEN.
Me bastó con ver que a la ignota esa le respondieron 19 personas, numero de comentarios mucho menor al que yo saco con sólo un capítulo MPREG.
Si van a rebatirme, que sea con fundamento.
Publicado por Mel en 16:32 0 comentarios
Fanfic: Héroes y Ángeles

1.- Problema.
Ni bien el avión hubo aterrizado, Alfred prácticamente saltó de él. Corrió arrastrando el poco equipaje que traía. Tenía que apresurarse.
Esa mañana.
El celular de Alfred sonó ante la llegada de un mensaje. Abrió la tapa del celular para leerlo.
“No muy querido América: Inglaterra está en graves problemas. Sin amor: Francia”
Al puro estilo “héroe desesperado” cruzó las calles de un salto, derribó en su camino a quince personas, dos perros y un puesto de sandías (cuyo efecto de sonido fue el de una bola de bolos derribando a estos.) gritando un “disculpe” luego.
Llegó a la casa de Arthur.
-¡Pum Baby!-dijo entrando luego de derribar la puerta de una patada.- ¿Francis? – dijo mientras buscaba a Francia por algún lugar de la casa.
-Médico…-escuchó decir bajo sus pies. Se levantó de un salto para arrojar la puerta y tomar a Francis por el cuello.
-¿Dónde esta? ¿Que es lo que tiene? ¡Contesta!-decía zarandeándolo en el aire, logrando solamente que “le victimmé” pudiese decir algo en su defensa.
Paró de golpe.
-Esto es muy raro…- se dijo a sí mismo.- Por lo general no pasan más de dos segundos antes de que Inglaterra me regañe por cosas como tumbar su puerta… y ¿Francia aquí? Mmmh…
Se levantó dejando a Francia en el suelo, caminó por el pasillo al amplio y elegante salón. No había nadie. Siguió hasta llegar a la puerta del cuarto de Arthur. Sintió un escalofrío recorrer su puerta, podía jurar que incluso escuchaba una tétrica música de fondo.
-Tengo que dejar de tararear músicas de suspenso que sólo me autosugestionan…- se dijo. –aunque le den ambiente al héroe.
Abrió la puerta chillando la clásica melodía de suspenso cuando el monstruo va a atacar a la damisela en peligro, o en este caso Héroe. (Porque en verdad a Alfred no le agradó la imagen mental de él en un vestido rosa con cola alta típica inglesa y una peluca rizada, larga y rubia.)
Se encontró con el cuarto antiguo de Arthur. Cada cosa en su lugar, tal como lo había dejado hacía tantos años. El olor a madera húmeda barnizada le trajo un montón de recuerdos que lo invitaron a recostarse en la cama por unos minutos.
Cerró los ojos.
Evocó su infancia. Un Arthur con muchas facetas, desde una muy dulce y llena de cariño para con él, pasando por la graciosa y típica cara de enojo con los ojos blancos y las gruesas cejas inclinadas para terminar en el recuerdo más doloroso para ambos.
No…
Para Arthur era muchísimo más doloroso que para él. Y Alfred no entendía el motivo.
Con la cabeza descansando en las palmas de las manos y los ojos cerrados pudo sentir que una cabeza se apoyaba en su torso, mientras una mano arrugaba su ropa. Al caer en cuenta de ello abrió los ojos y no dio crédito a lo que veía.
-A…A…A-A… taa…A…tata… daaaah….-fue lo único que pudo soltar cuando vió a un niño muy pequeño de grandes y tiernos ojos verdes, cabello rubio despeinado y mechones largos que cubrían sus amplias cejas, vestido con un pequeño mandil blanco.
Si…
Tal como Arthur lo había encontrado cuando era pequeño.
Ahora Alfred lo encontraba a él.
Solo que los papeles se habían invertido por completo.
-¡Soy muy joven para ser padre!
(O morir... que en este caso serían lo mismo T-T)
2: Explicaciones.
Alfred permaneció en shock por la imagen frente a sus ojos. Un pequeño Arthur que no parecía exceder los tres años se encontraba a punto de llorar. Antes de que pudiera hacerlo fue alzado en vilo por el (ahora) mayor mientras lo llevaba a la entrada.
-¡Esta vez te pasaste!- le decía a Francia zarandeándolo de nuevo.- ¡¿qué le hiciste?! – hubiera continuado pero vio a través de la puerta cómo el paisaje de la actual y moderna Inglaterra cambiaba.
Las casas eran reemplazadas por cabañas, los hombres y mujeres perdían sus elegantes atuendos por ropa de campesinos, los autos se convertían en arcaicas carrozas, incluso la misma casa empezó a cambiar haciendo desaparecer los objetos modernos y reemplazándolos por otros más bien ancestrales… todo frente a los ojos de Alfred.
–Oh my sweet Jesus… -soltó alargando cada palabra.
Francia empezaba a reponerse cuando notó el cambio.
-¿Un dejavu? – dijo antes de volver a desmayarse.
-¡Ah rayos! ¡Y te desmayas! – Alfred tomó al pequeño en sus brazos.- bueno, cuida lo que queda de este país y sin invadirlo, que yo cuidaré a Arthur.
Alfred salió de la casa con el pequeño en brazos, pensando en la forma de regresar a su país. (No habían aeropuertos en esa época les diré.)
-En vista de que no hay aviones, trasatlánticos o algo para escapar de aquí… haré lo más inteligente que se me ocurre... Llamar telepáticamente a Tony.
Alfred frunció el entrecejo y acomodó las manos a ambos lados de la cabeza.
(En Nueva York / Estados Unidos)
Un pequeño extraterrestre dormía plácidamente en la casa de Alfred.
(Volviendo a lo que queda de Inglaterra, entonces Britania)
-¡Rayos!- dijo – Tony está colgado. Se fijó en el pequeño Arthur que lo observaba curioso y a la vez ligeramente asustado.- Tranquilo pequeño, papá arreglará todo.
-¿Papá?...-logró soltar.
-Ahora si… ¡Pediré ayuda a las ballenas! –Alfred se remangó y usó sus manos para aumentar el eco.-¡¡¡Hola!!!
No recibió respuesta de las ballenas. Fijó su mirada a otro punto y encontró un pequeño barco y entonces solo escuchó pasos que se acercaban. Arthur se acercó a él y se aferró de sus piernas.
-Es Escocia-niichan – le soltó finalmente.
-¿Escocia…? –soltó Alfred antes de que la figura apareciera. –¡Wa! ¡Un cavernícola!
Arthur ocultó el rostro en la ropa de Alfred, haciendo que éste tomara valor y lo alzara en brazos.
-No… Escocia me tirará flechas.- le decía el pequeño temblando y abrazándose de él.
-No tengas miedo.- le dijo Alfred sonriéndole – papá es un héroe.
-¿Papá…? –volvió a preguntar Arthur dejando de temblar y abriendo los ojos.
Escocia (que en verdad parecía un cavernícola y duplicaba el tamaño al ancho de Alfred) le dirigió un gruñido.
-Disculpe…-dijo Alfred mirándolo de pies a cabeza, tratando de usar un término “adecuado” – señor… si eso. (cuyo nombre es Cosa y apellida Fea) le estaría muy agradecido (¡oh Dios!… soné como Inglaterra, ¡me estoy haciendo viejo!) si me prestaría su… (¿Carcacha?) ¡Nave!
Escocia se levantó y Alfred dejó a Arthur a un lado dejándole sus lentes. Asustado el pequeño cerraba los ojos y se aferraba a las gafas temiendo por su nuevo “papá”.
Unos cuantos sonidos de golpes.
Silencio.
Arthur abrió los ojos.
-No me dicen Héroe ni Cowboyman por nada ¬_¬ -soltó Alfred volviendo a alzar a Arthur, acomodándose los lentes y dirigiéndose a la costa.
Hizo unos arreglos menores en el barco, los suficientes para no broncearse (en realidad quemarse) en el viaje de ida. Sólo tendría que llegar a las costas francesas o alemanas y entonces nuevamente podría regresar a su país.
Alzó las velas hechas por hojas y los “trapos usados” de Escocia (imaginen cómo lo dejó) y se recostó en el barco, cubierto por otras tantas hojas grandes y ramas que lo protegían del sol.
-Ahora bien.- le dijo a Arthur, quien se encontraba recostado a su lado, abrazándolo y con la cabeza en su brazo. –Dime qué sucedió contigo.
Arthur lo miró.
-Escocia es mi hermano mayor y es malo conmigo. – le dijo.
-No era eso… quiero saber cómo así volviste a ser… nah olvídalo. –dijo Alfred pensando que el pequeño difícilmente sabría explicarle lo que pasó.
-¿Quién eres?- le dijo al fin el pequeño. Las pupilas de Alfred se dilataron y lo miró.
-¿No me recuerdas? ¡Si prácticamente has arruinado toda mi...- se detuvo y lo observó. Era un niño, no podía decirle esas cosas, por mucho que fuera Inglaterra y hubiera sido muy estricto en su infancia… a final de cuentas sólo se tenían el uno al otro… Otra vez.
-Hace rato me dijiste que eres mi papá…
-¿No me quieres más como hermano mayor?
-No… los hermanos mayores son malos.
El recuerdo lo golpeó. Cuando conoció a Inglaterra éste no le dejaba llamarlo hermano, Inglaterra está bien, le decía. Pero nunca supo el motivo.
-Te quiero papá…-soltó el pequeño haciendo que a Alfred el corazón se le contrajera. Permaneció pensativo mientras el pequeño dormía acurrucado a su lado.
-Debí filmar esto… -se decía.- me dijo que me quería y eso que no está borracho…
El viento lo llevó al puerto alemán, donde Ludwig se encontraba en ese momento.
-¿Un naufrago?- pensó Ludwig imaginándose algo parecido a Tom Hanks saliendo del barco con una barba terriblemente larga. La visión se le cambió por completo al escuchar a USA gritar saludándolo. Toda su imagen se vino abajo- ¡qué naufrago! a lo más que llega USA es a Forrest Gump…
-¡Oye Alemania! ¿Podrías ayudarme?-gritaba Alfred.
-¡¿Por qué yo?! ¡Ve a pedirle ayuda a Inglaterra!
-¡Es que ese es el problema!
-¡Qué!
-¡Ya veras! ¡Iggy ven a saludar a Alemania!
-¿Iggy?- Ludwig casi se desmayó al ver que por un lado del barco, una tímida cabeza salía y lo saludaba con la mano.
-¿Qué le hiciste?
-¡Yo nada! ¡Ha debido usar uno de sus embrujos raros para hacer esto!- se defendía Alfred. – Pero quería pedirte que me ayudaras a regresar a mi casa.
-¿Cómo sé que no es una treta para… qué se yo… distraerme y tomar mi país?
Alfred iba a decir algo pero un ruido hizo que ambos dirigieran su mirada al pequeño.
-Papá… tengo hambre…- decía Arthur con las manos sobre su pancita.
-¿Papá?-preguntó sorprendido Alemania.- No… este no puede ser Inglaterra.
-Ya voy Iggy…- Alfred buscó en sus bolsillos y sacó una hamburguesa envuelta en papel.- no es mucho pero bueno… - le ayudó a comerla- ¡te estas ensuciando!
-Esto es extraño…- seguía diciendo Alemania.- estamos hablando de USA… ¿siendo padre? No… aquí debe haber algo más…
-Es el poder del amor fraternal – escuchó una voz que se le hacía muy familiar.-Ah west, como en tus buenos años cuando hermano Gilbo te cuidaba y te enseñaba las cosas buenas de la vida…
-¡Lo único bueno para ti es aquello que supera los 5 metros! ¡No se cómo no te envié a Francia!
Tanto Alemania como Prusia empezaron a pelear. Alfred aprovechó la oportunidad para levantar a Arthur y dirigirse al aeropuerto más cercano.
3: Recuerdos
Cuando llegaron a casa…
-Iggy… ¡despiértate! Ya llegamos…-decía Alfred meciendo al pequeño en sus brazos. Al rato, dando la vuelta un pasillo salió Tony a su encuentro. –¡Ah malvado! ¡No escuchaste mi llamado telepático!
-??? – Tony iba a decir algo pero vio a Alfred centrar su mirada en el pequeño Iggy. Éste abrió los ojos y miró fijamente a Tony…
…para luego bajarse de un salto de los brazos de Alfred y correr a esconderse.
-¡Arthur! ¡Ven aquí! ¡Tú alucinas cosas peores! – gritaba Alfred corriendo tras de él.
Tony decidió que ir a tomar una siesta sería lo mejor.
-¿Arthur? – buscaba Alfred bajo las gradas, las alfombras, repisas, refrigerador, alacenas, incluida la tapa del inodoro.
Fue al último lugar que le quedaba, aquel lleno de recuerdos.
Abrió la puerta y dejó medio cuerpo en penumbras, descubriendo a su “hijo” observar con detenimiento todo.
-¿Iggy?- sonrió acercándose al pequeño.- ven… sé que te asustaste pero tu papá va a…
-Duele…
-¿Ah?
Arthur se giró sobre sí mismo mostrando sus ojos llenos de lágrimas a Alfred y empezó a llorar desesperadamente.
-Vaya… sí que te afectan cosas como esa- le decía Alfred mientras pasaba los dedos por la cabeza de Arthur mientras éste dormía a su lado en su cuarto con la cabeza en su brazo, como hubiera hecho en el barco horas antes. –De verdad Iggy… cuando eras grande me hacías cosas por las cuales yo también podía llorar… como la última vez que nos vimos…
Flash back:
4/Julio
Alfred dejó caer pesadamente su cuerpo luego de la celebración de su cumpleaños. Cerró los ojos e intentó dormir cuando de repente su teléfono sonó sacándolo de sus pensamientos. No se preocupó en contestar.
-Seguro es Inglaterra para regañarme como siempre por este día. –decía mientras esperaba que su contestadota atendiera la llamada.
-¡Hola! ¡Deja tu mensaje al héroe! Piiii…
-Alfred… idiota… hip…
-Lo sabía -pensó reconociendo la voz de Arthur. –está borracho como de costumbre en este día.
-Te necesito… Francia está… hip…
-¡Dame eso! ¡Francia-niichan cuidará de él! ¡No te preocupes Alfred! ¡Feliz cumpleaños! ¡Besitos!
Clic…
Alfred se dirigió al local donde los demás países se encontraban festejando junto con los ciudadanos el día de la independencia americana.
-¡America-san! ¡Volvió!-lo saludaba Toris apenas entraba mientras a su espalda se encontraba Iván espiándolo con una sonrisa y el semblante oscuro.
-¡Tú nunca aprendes-aru!-escucharon que le gritaba China mientras lo jalaba de una oreja y lo llevaba a un rincón del salón.
-Esos dos tienen algo… - soltó suavemente Alfred.
-Ah si… desde hace unos meses… - soltó Toris.
-¿Qué?
-Es un alivio para mí. – dijo finalmente.-Aveces Rusia-san podía ser muy… -se calló al notar a la persona que esperaba cruzar el umbral de la puerta. Saludó con la mano a Feliks y se disculpó con Alfred para irse con éste.
Alfred escuchó un pequeño bullicio, la gente se aglomeraba en los ventanales de la habitación para observar los fuegos artificiales en el cielo oscuro. Fijó su mirada unos segundos y luego cayó en cuenta de muchas cosas.
Lejos de todo aquello, en el patio trasero, detrás de otro par de ventanales, Iván abrazaba a Yao por la espalda mientras éste apuntaba al cielo y sonreía al ver los fuegos artificiales. En un momento el ruso lo sorprendió alzándolo en sus brazos para besarlo luego.
Más cerca Feliks acomodaba su cabeza en el hombro de Toris y pasaba su brazo por la cintura de éste.
Y en una esquina del gran salón, sentados mirando por los vitrales se encontraban Berwald y Tino, el último señalando el cielo como lo hacía Yao momentos antes, con un gran sonrojo en sus mejillas, presa del entusiasmo, mientras Berwald tomaba su mano y lo miraba con inmensa ternura.
-Ah… lo siento- murmuro Noruega luego de chocar contra él. El ligero golpe no logró traer por completo a Alfred a tierra firme.
-Es cierto…- dijo luego de un momento viendo a ambos países alejarse. –Yo he estado solo este tiempo…solo tenía a Arthur… ¡Ay en serio! ¡Arthur!
Recordó la llamada del otro y se dispuso a buscarlo. Pasó una mirada rápida por los presentes. No había rastros de él… ni de Francia.
Salió en busca de él, cruzando el inmenso patio, dirigiéndose a los jardines interiores, en medio de la noche y siendo alumbrado por los fuegos artificiales que cruzaban el cielo.
-Baka… déjame… - escuchó la voz que podría reconocer sobre miles.
-No hagas las cosas más difíciles… cuando l’amour llega… no hay diferencia de género- le decía Francis tomándolo con una mano por las muñecas y recorriendo su torso desnudo con los dedos de forma terriblemente provocadora.
-¡Arthur!-dijo Alfred luego de un momento al notar a éste sentado sobre las piernas de Francis y sobrepasando sus límites. El sonrojo de sus mejillas y la mirada cansada, delataban el estado etílico del más pequeño, además de varias botellas de vino en el suelo. Presa del alcohol Arthur resultaba terriblemente manipulable. Ahí estaba, de juguete con Francia y completamente desnudo.
Al ver a Alfred, Francis se separó de Arthur quien se tambaleó en dirección del menor. El francés no dijo nada, simplemente se retiró de vuelta a la fiesta.
Alfred se sacó su inseparable abrigo y lo pasó por los hombros de Arthur, para luego abrazarlo y sentarse con él en el pasto, apoyando su espalda en un árbol y acomodando la cabeza de Arthur en su pecho y el cuerpo de éste recargado en el suyo.
Pasó un largo minuto de silencio. Arthur temblaba por el frío de la noche mientras sostenía el abrigo de Alfred, lo cerraba en torno a su cuello con una mano y recogía las piernas para generar más calor.
-Alfred… esta posición…- rompió con el silencio. Alfred lo obligó a seguir guardándolo posando el dedo índice sobre los labios de Arthur para luego acariciar su cabeza.
-Sólo lo haré por hoy y porque estás tan borracho que no recordarás nada. – le dijo.
Arthur cerró los ojos. Escuchó los fuegos artificiales lejanos, como si no formaran parte del momento que compartía con Alfred. Sintió cómo poco a poco se desvanecía.
-Gracias…-logró murmurar al menor mientras se acurrucaba más en el cuerpo del otro. Alfred besó su cabeza en actitud paternal. Una verdadera ironía si en ese entonces hubiera sabido lo que le esperaba.
Más tarde, esa misma noche...
Arthur dormía en la cama de Alfred mientras éste lo observaba con detenimiento. Acarició los contornos de su rostro con delicadeza mientras escuchaba la sonora respiración de Arthur mientras dormía.
-Este año no me felicitaste… - le reprochó suavemente.
Arthur movió la cabeza y soltó un breve gemido, para aspirar hondamente y abrir los ojos.
-Nh… ¿Al?... ¿qué paso?
-Lo usual. Te emborrachaste y apareciste bailando desnudo…
-¡¿Ha?!-Arthur no pudo reprimir su vergüenza y levantarse de golpe, sentándose en la cama.
Alfred alzó la cabeza en actitud orgullosa.
-Estaba mintiendo… a medias –dijo cerrando un ojo.-¡tranquilo! Nadie además de mi te vio desnudo… ah si, Francia.
Arthur volvió a meterse en la cama, adoptando posición fetal dentro de las sábanas y tratando de cubrir el sonrojo de sus mejillas con las mantas y almohadas.
-Mejor te dejo descansar- le dijo finalmente Alfred. Se dispuso a levantarse cuando sintió que alguien lo tomaba por la mano.
-Quédate… ¿si?...
Alfred suspiró.
Se quedaron así por un lapso de media hora.
Nada… ni una palabra.
La mano que Arthur tenía sobre la de Alfred empezó a moverse, recorriendo con sus dedos los del otro de forma delicada y suave. Logró que el más grande lo mirara.
-No hagas eso.
-Si quiero…
-No es correcto…
-Mi respuesta es no entonces…-soltó de repente Arthur haciendo que el otro se desorientara en la conversación.
-¿Eh?
Arthur se incorporó sin soltar la mano del otro para mirarlo completamente sonrojado.
-Mi respuesta es no…-repitió apenado. –lo siento…
Alfred lo recordó. Días antes, en vista de la mejora en su relación, le había pedido a Arthur ser algo más. En ese momento, Arthur no pudo concebir ninguna respuesta, por lo que Alfred le pidió que lo pensara.
Ahí lo tenía. Todo se resumía a un no.
Alfred sintió que algo en su interior se rompía… moría.
Se deslizó al lado de Arthur, recostándose y abrazándolo, atrayendo su rostro a su pecho.
-Al…
-Perdón… -dijo sintiendo las lágrimas desbordarse- déjame dormir contigo solo por hoy… te lo ruego…
Arthur no dijo nada. No se quejó. Cerró los ojos y se dispuso a dormir mientras Alfred acariciaba su cabeza y besaba ésta. Se sintió culpable al sentir el dolor de Alfred como si fuera el suyo propio, de haber sido el que lo ocasionó. Pero no podía aceptar… tenía sus motivos.
Ya estaba amaneciendo, Alfred acariciaba el rostro de Arthur como lo hiciera rato antes de ser rechazado rotundamente. Se aseguró de que Arthur estuviese completamente dormido para acercar su rostro al del otro y robarle un beso.
Uno solo no le bastó. Tomo su rostro con la mayor delicadeza y se puso a besarlo como hubiera deseado hacerlo si él estuviera despierto y hubiera aceptado sus sentimientos. Nunca dejaría ir a esa persona, no se alejarían otra vez, por nada del mundo.
Necesitaba cansarse del sabor de esos labios en una noche, como fuera posible, lo necesitaba, para no tener que desearlo aún más ni extrañarlo.
Los sentía, suaves y cálidos, invitándolo constantemente a seguir, a avanzar un poco más, a hacerlos completamente suyos, a ellos y a ese cuerpo entero. Cada centímetro de la piel de Arthur debía pertenecerle solamente a él. Solo él se los merecía.
Levantó la camiseta que él mismo le puso a Arthur para cubrir su completa desnudez, ahora recorría su desnudo torso con las manos, sintiendo cómo se quemaba por dentro.
Se detuvo con una mano acariciando el vientre de Arthur. Volvió a recostarse a su lado sin alejar la mano de su posición actual.
-Con todos los hechizos raros que haces… podrías inventar uno para darme un bebé- le susurró al oído para besar sus labios por última vez en esa noche y volver a cubrirlo completamente.
La mañana se coló por la ventana con su aire fresco propio de la época. Cuando Arthur despertó Alfred se había ido, dejándole un desayuno bien preparado a un lado y el pasaje de vuelta a su tierra.
No se volvieron a ver desde entonces hasta esa extraña mañana en la que un Arthur empequeñecido por motivos extraños se abrazaba de Alfred, un completo desconocido al que había adoptado como padre.
Fin Flash back
Alfred nuevamente se encontraba acariciado el rostro del pequeño. Volvió a besar sus cabellos dorados y su frente. El pequeño respiraba casi imperceptiblemente, con los labios entreabiertos. Posó su dedo índice sobre éstos.
-Aun siendo un niño, tus labios son igual de suaves y deseables- dijo.
"Aún pienso esforzarme... haré que vuelvas a la normalidad y te diré que te amo las veces que sea necesario."
Cansado por el largo y difícil día que tuvo, decidió cerrar los ojos y dormir también.
4: Inglaterra
El viento movía sus rubios cabellos a un compás nunca antes expresado. El pasto se aplastaba bajo sus pies y un gran muelle se extendía frente a él. De forma abstracta, podía sentir el clima seco propio de su tierra, el calor intensificado del verano y la nostalgia invadiendo su ser al contemplar la escena.
Reconoció a un niño sentado en la zona de embarque y desembarque, observando el horizonte. Reconoció sus mismos rasgos en ese niño, los ojos azules, el pelo rubio y un rizo en el lado derecho de su cabeza.
-Hey… pequeño… ¿cuándo tiempo más piensas esperarle? – preguntó inseguro de si el niño lo había escuchado y, en ese caso, de si iría a recibir una respuesta por parte de éste.
-Para siempre si es necesario.-contestó el pequeño completamente decidido.
-Quizás no venga en un tiempo más…
-¡De todas formas! – dijo el niño Alfred al adulto Alfred- voy a esperarle porque me dijo que volvería.
…Arthur…
Alfred abrió los ojos con mucho pesar. Se restregó los párpados con el dorso de la mano y se estiró dentro de la cama. Escuchó un pequeño gemido provenir de su lado derecho acompañado de un sollozo contenido. Soltó un sonoro bostezo.
-¿Qué sucede, Iggy?- dijo acariciando la cabeza de Arthur y secando sus lágrimas con una mano.
-Perdóname papá… - le dijo Arthur. Alfred comprendió inmediatamente y se levantó para llenar la bañera de agua caliente. Al encontrarse ésta llena, metió la mano para cerciorarse de la temperatura. Estaba perfecta.
-Iggy, ¡ven a tomar un baño! – le dijo animosamente mientras el pequeño bajaba de la cama aún apenado. Se cruzaron en el umbral de la puerta, Alfred dirigiéndose a cambiar las sábanas y Arthur a tomar su baño.
Su mano, que se balanceaba al costado fue sorprendida por un toque cálido, propio de un niño, haciendo que Alfred se detuviera a mirar.
-Papá… no quiero bañarme solo. –dijo ocultando su rostro en la mano de Alfred.
Alfred suspiró resignado.
-En serio que voy a cortarte el cabello.- le decía a Arthur mientras pasaba las manos acompañadas de shampoo por su cabeza, mientras el pequeño cerraba los ojos.
-Pero me veo bien así papá…
-Preferiría que me llamaras hermano mayor… - se quejaba.
-No… Escocia es mi hermano… y los hermanos son malos- dijo Arthur poniéndose algo triste por evocar sus recuerdos dolorosos con Escocia.
-¡Inglaterra! ¡Volviste!- gritaba un energético Alfred corriendo al encuentro de su “hermano mayor”.
-Te dije que volvería… - iba a decir algo más pero fue tacleado por el “pequeño” Alfred, quien ya guardaba la apariencia de un niño de doce años.
-¡¡¡Te quiero Iggy!!!
-¡Alfred! Yo también te quiero pero… ¡nos estamos ensuciando! – reprendía Inglaterra al pequeño America.
-¡Lo hice para tomar un baño contigo! – dijo con una de esas sonrisas a las que Arthur no podría decir que no.
Unos minutos más tarde, ambos se encontraban sumergidos en uno de tantos lagos, Alfred jugando con el agua y Arthur intentando (en vano) lavar a Alfred como era debido.
-Y hoy es Halloween- decía Alfred restregándose la cabeza con una toalla y acomodando sus anteojos.- bueno… creo que éste año me quedaré sin dulces, todo por cuidar…- se calló. Miró a la cama donde su pequeño “hijo” trataba de pasar la cabeza por el blanco mandil (ahora limpio) y se atoraba en él. Alfred se acercó a ayudarle.- de verdad Iggy… eres un caso perdido.
Tomó al pequeño entre sus brazos, alzándolo para acunarlo suavemente mientras lo besaba en la frente y los ojos.
De repente, en la bodega escuchó un ruido que llamó su atención.
-¿Tony? ¿Eres tu?- dijo y no recibió respuesta.
-¿Papá?- lo llamó el niño con una pregunta dibujada en el rostro.
-Iggy, quédate aquí. Papá irá a tender algunos asuntos.-dijo tomando un bate de baseball y dirigiéndose a la bodega.
Avanzó por el pasillo sigilosamente, mientras blandía el bate en sus manos. Los ruidos no cesaban y él se ponía cada segundo más y más nervioso. ¿Quién podría atreverse a invadir su casa? ¿Eso ponía a Iggy en riesgo? No quiso pensarlo.
-Si alguien llegara a hacerle algo… lo mataría-murmuró para sí.
El ruido cesó por unos segundos.
-Es ahora o nunca….- dijo- Cowboyman no puede temerle a nada… soy un héroe…
Abrió la puerta y entró armado con el bate. Tenía como música de fondo la canción de misión imposible tarareada por él.
Nada…
-Creo que Iggy me ha contagiado su locura- dijo frotándose la frente con los dedos.
-¡Hola!- dijo una vocecita. Alfred reaccionó golpeando con el bate a… un duende pequeño que salió volando por la ventana en dirección al sol gritando “¡Allá voy Jesús!”
-Un… ¿duende?... de verdad ya enloquecí…
-¡Qué torpe! – le reclamaba otra voz.
-¡Voces en mi cabeza!-Alfred cerró los ojos pensando que así, las voces en su cabeza se irían.
Luego de unos segundos abrió los ojos para encontrarse frente a frente con una pequeñísima y brillante hada.
Parpadeó dos veces.
-Y yo que pensaba enviar a Arthur al psiquiatra un día -soltó queriendo darse la vuelta. Giró sobre sí mismo para avanzar un paso y chocar contra… ¡¿un unicornio?!
-¡Oh no! ¡Sigo loco!-soltó sin querer creerlo.
De la nada se encontró rodeado por seres extraños, seres que solo recordaba de los cuentos de hadas que Arthur le leyera tiempo atrás, cuando él era el niño pequeño.
-Muy bien… muy bien… ustedes son producto de mi imaginación o me volví loco… no se… pero…- alzó el bate asustando a todos.- no se acerquen a Iggy o a mi o la pagarán caro.
Bailando graciosamente en el aire, la pequeña hada que lo había saludado se acercó hasta él para bajar sus lentes hasta la punta de su nariz.
-Tienes hasta tu cumpleaños para solucionarlo- le dijo.
-¿Eh?
-Él ha sufrido mucho por ti- soltó el unicornio.
-¡¿Ha?! ¿A qué se…?- se dio cuenta- ¿Iggy?
Tomó al hada en sus manos para moverla en el aire.
-¡Regrésalo a la normalidad!-decía.
La pequeña hada apenas podía soltar algunas palabras hasta que Alfred la soltara. Recuperó su color brillante.
-Sucede que todo es tu culpa.- le dijo con tranquilidad.
-¿Mía?- Alfred no entendía nada.
-Si, tuya. – Se arregló los bordes del vestido- él quería darte un regalo, algo que los uniera para siempre, sin importarle cuánto tuviera que pagar por ello. Él podía pagar lo que fuera, pero para que el hechizo funcionara, tú tenías que demostrar que lo amabas tanto como él a ti.
-¿Eh?... entonces… si quiero que él regrese a la normalidad… ¿tengo que demostrarle que lo amo?-dijo al fin comprendiendo Alfred.
Tanto el hada como el unicornio asintieron.
-¡Tanda de pedofílos! – Gritaba mientras asfixiaba al unicornio y agitaba al hada en el aire haciendo que los demás se asustaran aún más de él. – ¡si es solamente un niño!
Uno de los otros seres se acercó a él, uno que traía pinta de alquimista o mago o lo que fuera, para tomarlo por el hombro.
-Si Inglaterra no vuelve a ser quien era, tanto él como su nación desaparecerán.- le dijo.- Ese era el trato.
- Como verás,-continuó otro de voz chillona- dio todo por el todo, así que ve a demostrar que de verdad lo amas.
-Bien señor… ¿Harry Potter?…
-¡Mi nombre es Merlín por favor!
-No me importa… les demostraré que puedo cuidar a Iggy y demostrarle cuánto lo amo. ¡Ya verán de lo que es capaz un héroe enamorado!
-Hasta tu próximo cumpleaños…-dijo el hada.-ni un minuto más.
-Si, si… entiendo… soltó fastidiado.
Cuando se dio cuenta, todos los seres habían desaparecido.
-De verdad creo que demandaré a Mc Donalds… han debido ponerle algo raro a su salsa…
-¿Papá?- soltó Arthur cubierto por una manta que dejaba a la vista su rostro inocente y sus grandes y hermosos ojos verdes.
-Ya volvi Iggy… nada de qué preocuparse.- dijo sentándose a su lado y apretándolo contra su pecho. El niño, a su vez, abrazaba con todas sus fuerzas a su “papá”.
Alfred en esos momentos sólo pensaba en dos cosas:
1: Llevar a Iggy a su tierra, sólo que ésta vez ambos con provisiones.
2: Comer una hamburguesa mientras canta la canción de Mc Donalds.
-Iggy… hay algo que debo decirte… Tenemos que hacer un viaje urgente a Mc Donalds por unas veinte hamburguesas… y luego iremos de vuelta a tu país...
No había terminado de hablar cuando el teléfono sonó.
-¿Hola?
-¡Hola América! Hoy tenemos reunión…
-¿Reunión? ¡Quién se reúne en halloween!
-Pues tu mismo lo sugeriste la vez anterior…
-¡No! ¡Cancélenla!... A propósito, ¿quién eres?
-Canadá…
-Ah es verdad… existes… jajaja…
-Ja… ja… tienes que venir… no la puedo cancelar América…
-Huuuum… si estuvieran en mis zapatos (los cuales aún no me pongo) de seguro que no… ¿Hola?
Le colgaron.
-Canadá puede ser malo a veces… - dijo apesadumbrado. Colgó el teléfono de mala gana y tomó a Arthur en sus brazos.-Bueno Iggy, papá tiene reunión con algunas personas y tienes que quedarte aquí.
-¿Yo solito?
A Alfred se le rompió el corazón, pero sería muy problemático llevar a Inglaterra en ese estado.
-Mira Iggy, es algo importante. Prometo volver lo más pron…
-¡No te vayas! ¡Me da miedo quedarme en este lugar tan grande! ¡Estaré triste y solo!
Su mente le estaba jugando una mala pasada. Por un segundo creyó escucharse a sí mismo desde los labios del pequeño, cuando él era igual de niño. Le era tan doloroso separarse de Inglaterra.
-Papá… en la caja que habla vi que todo tiene música…- decía Iggy, quien se encontraba sobre los hombros de Alfred.
-Se llama televisión…- le dijo Alfred. - ¿cómo que todo tiene música?
-Si… cuando Batman aparece suena la canción rara. Si eres un héroe… ¿cuál es tu canción?
-Déjame ver…- pensaba Alfred mientras en su mente tenía el tema de Batman y al final en vez de “Batman” decían “Cowboyman”. No… esa no era. Buscó un poco más y empezó a cantar- “I’m too sexy for you, too sexy for your mother”
Arthur comenzó a reír.
-¿Y la mía papi?
-¿La tuya?- Alfred volvió a buscar. La encontró, la canción perfecta para Arthur. Empezó a tararear la típica canción de circo.
Arthur volvió a reír, esta vez con más ganas. Alfred lo bajó de sus hombros para acunarlo. No notó el momento en que se encontraba entrando al edificio donde se llevaría a cabo la reunión, ni mucho menos a la sala de conferencias.
Entró con el pequeño en sus brazos.
Todos los países lo miraron. El incómodo silencio se hizo presente.
-¡Qué lindo-aruuuu!- gritó China acercándose al pequeño y tomándolo en brazos.- ¿Quién es?- le preguntó a Alfred luego.
-Pues… jajaja… no se cómo se lo tomarán…
-¿Una nueva nación?- preguntó Italia.
-Es más complicado que eso- le contestó Alemania.
-Si bueno…- Alfred se aclaró la garganta- voy a decirles esto. Él es…
Iba a aclarar todo cuando de pronto la puerta se abrió estrepitosamente, dejando ver la silueta de España con el periódico en las manos.
-¡FRANCIA HA INVADIDO INGLATERRA Y AHORA ES SU COLONIA!
Nadie pudo creerlo. ¿El gran Inglaterra tomado por Francia? ¿Dónde estaba el campeón de la guerra de los 100 años?
-¡Es imposible!
-¡Increíble!
-No puedo creerlo-aru…
-¡Tranquilícense! Eventualmente todos serán uno conmi…
-¡DE VERDAD NO APRENDES-ARU!
Todos los países armaban gran conmoción. China daba suaves golpes a Rusia en el brazo soltando su típico “¡Nadie se salva de ti-aru! ¡Nadie! ¡Malo!”, Italia flotaba en la luna mientras su hermano se frotaba la frente y reprendía a España por dar la mala noticia.
-¿Cómo pudo suceder?
-¡Inglaterra se volvió débil!
-¡Estados Unidos tiene algo que ver!
-¡NO LE DIGAN ESO A MI PAPÁ Y YO NO SOY DÉBIL!
Se callaron y fijaron sus miradas en el regazo de China, que seguía abrazando al pequeño.
-Esas cejas…
-Esa actitud de tsundere…
-Sólo ataca si hablan de America-san…
-¡¿INGLATERRA?!-gritaron a coro todos los presentes.
Los presentes guardaron silencio por un momento.
-Increíble-aru… -soltó China.- bajo esta forma, incluso podría perdonarte por el opio…
-¡Wooaaaah!- gritó Sealand acercándose a Inglaterra.- Eres hasta más pequeño que yo… pues bueno-arrebató al niño de los brazos de China- desde hoy eres parte del gran imperio de Seal…¡auch!
-Déjate de juegos.- dijo Alfred dándole un suave golpe en la cabeza y volviendo a tomar a Arthur en sus brazos.
Todos miraron a Alfred.
-Si bueno… sé que la apariencia de padre soltero no pega conmigo ¬_¬ pero ahora tenemos a Inglaterra en problemas así que a hacer algo…
Silencio…
-¡¿Qué nadie va a ayudarme?!
Alemania: ¡ENUMERENSEEE!
Hungría: *sale de la nada y le da un sartenazo a Prusia* ¡Seré amante del yaoi pero respeto a los pequeños! ¬_¬ Tú maldito zoo-voye-homo-exibi-pedofílico!
Iggy no había crecido un ápice en esos meses al lado de los otros países. Alfred sólo tenía un mes más antes de 4 de julio para lograr que Arthur regresara a la normalidad.
Alfred se sintió completamente cansado y deprimido. De verdad que todo había sido un gran error.




